Hoy me he enfrentado, por primera vez, con el problema de elegir el tema que iba a tratar.
Múltiples noticias en los medios de comunicación han llamado mi atención: la contaminación del aceite de girasol, la multa que debe pagar el difunto programa "Aquí hay tomate" a la duquesa de Alba (uno de mis temas favoritos como saben mis amigos), las revueltas por todo el mundo por el incremento de los precios de los alimentos (no quise ser agorero con el análisis de la película "Cuando el destino nos alcance"), el cierre de la mitad de los CFIE de Castilla y León, la victoria de Nadal sobre Federer o la futura presentación del centésimo móvil perpetuo (lo cual resulta siempre gracioso para un físico como yo).
También tenía la posibilidad de dar salida a material propio como: una entrevista que realizó una alumna mía, una crítica sobre "La Jetée" o algo sobre mis andanzas por el instituto.
Pero pensando en ello recordé una pregunta que me hizo un alumno hace una semana y a la cual no me sentí capacitado para responder, no por falta de conocimiento sino por exceso. Esto sólo suele ocurrir cuando te preguntan algo sobre el tema en que estás especializado y sobre el cual nunca te habías preguntado. Es la clásica pregunta que sólo te harías si te estuvieses preparando para "El tiempo es oro" (no podré olvidar toda esa gente que sabía todos los nombres de todas las especies de mariposas o que conocían a Kubrick mucho mejor que él a si mismo).
La pregunta es sencilla:
Cualquier persona sin dudar conoce la respuesta correcta, ya que desde que Isaac Asimov las postuló, se han hecho famosas, encontrándose en la mayoría de los libros de texto que tratan el tema de la robótica (incluidos los de mi asignatura: Tecnología). Pero yo entré en un estado parecido a un shock, luego solté un par de incoherencias tratando de repasar mentalmente todos los relatos de robots que había leído alrededor de la obra de Asimov, y por último musité que lo investigaría y le respondería cuando pudiese.
Puede sonar extraño viniendo de mi persona, pero no quise darle una respuesta que con el tiempo se demostrase incorrecta. Ahora bien, os planteo la misma pregunta a todos vosotros como un ejercicio divertido. La respuesta la tendréis en siete días en un extenso artículo sobre el tema.
Sólo pondré un par de condiciones para evitar enfados o confusiones:
También tenía la posibilidad de dar salida a material propio como: una entrevista que realizó una alumna mía, una crítica sobre "La Jetée" o algo sobre mis andanzas por el instituto.
Pero pensando en ello recordé una pregunta que me hizo un alumno hace una semana y a la cual no me sentí capacitado para responder, no por falta de conocimiento sino por exceso. Esto sólo suele ocurrir cuando te preguntan algo sobre el tema en que estás especializado y sobre el cual nunca te habías preguntado. Es la clásica pregunta que sólo te harías si te estuvieses preparando para "El tiempo es oro" (no podré olvidar toda esa gente que sabía todos los nombres de todas las especies de mariposas o que conocían a Kubrick mucho mejor que él a si mismo).
La pregunta es sencilla:
¿Cuántas leyes de la robótica hay?
Cualquier persona sin dudar conoce la respuesta correcta, ya que desde que Isaac Asimov las postuló, se han hecho famosas, encontrándose en la mayoría de los libros de texto que tratan el tema de la robótica (incluidos los de mi asignatura: Tecnología). Pero yo entré en un estado parecido a un shock, luego solté un par de incoherencias tratando de repasar mentalmente todos los relatos de robots que había leído alrededor de la obra de Asimov, y por último musité que lo investigaría y le respondería cuando pudiese.
Puede sonar extraño viniendo de mi persona, pero no quise darle una respuesta que con el tiempo se demostrase incorrecta. Ahora bien, os planteo la misma pregunta a todos vosotros como un ejercicio divertido. La respuesta la tendréis en siete días en un extenso artículo sobre el tema.
Sólo pondré un par de condiciones para evitar enfados o confusiones:
- Todas ellas deben tener un soporte literario serio, es decir que hayan sido publicadas por una editorial en formato de relato o novela. No se admitirán aquellas que se hayan publicado en fanzines o en novelas de fans de la Fundación.
- Se busca el número, es decir que no se considerarán como tales las variaciones menores sobre ellas que ocasionaban tantos quebraderos de cabeza a Susan Calvin o los intentos de modificación por parte de las distintas facciones robóticas.
- Sí se admitirán las diferentes aportaciones de distintos autores siempre que cumplan las dos condiciones anteriores y se encuentren dentro del universo Asimov.
Pueden parecer demasiado draconianas, pero es que sino la cifra alcanzaría seguramente la treintena. Para responder voy a habilitar en el lateral derecho un panel de encuestas para que podáis votar. Como éste es anónimo, agradecería que aquellos que se quieran mojar dejen un comentario en esta entrada con su sabia opinión.
Sin mas os dejo con esta pequeña sentencia, que os dará que pensar: "Cuando más avanzamos en la era de la Información más agotada se encuentra la fuente de la Sabiduría".