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miércoles, 12 de junio de 2019

La segunda

El pasado mes realicé junto con mis alumnos (más bien a instancias de ellos que dieron por supuesto que se iba a realizar) la segunda exposición con motivo del día del Orgullo Friki. Como puedes comprobar, aunque en lo básico repetimos, hubo nuevas incorporaciones de cierta entidad:

viernes, 8 de marzo de 2019

Bienvenidos a la Segunda Edad

Para los puristas, entre los que se encuentra un servidor, debería haber sido un "Bienvenidos a la Segunda Edad del Sol". Dicho esto, en menudo berenjenal se ha metido Amazon ella solita. Sin casi soporte literario, aparte de la obligada para muchos relectura del siempre esquivo "El Silmarillion", ha decidido enfrentarse a la Edad Oscura donde casi todo el nudo gordiano del mundo de Tolkien se forjó.

viernes, 29 de junio de 2018

El último grande se fue

Se acabó, el último de los grandes autores de ciencia ficción, Harlan Ellison, nos ha abandonado. Triunfó en el relato corto, ayudó a levantar parte de esas grandes sagas que tanto me gustan como La dimensión desconocida, Star Trek, Terminator o Babylon 5 y formó a grandes autores que ahora dominan el género (Dan Simmons). Pero fracasó cuando trató de tomar el timón, ya sea en forma de novela, escribiendo un guion cinematográfico demasiado original (la adaptación de "Yo, robot" en colaboración con Asimov) o creando su propia franquicia (Starlost).

jueves, 22 de marzo de 2018

Segundo intento

Siempre se le olvida a la mayor parte de la gente que George R. R. Martin empezó sus pinitos literarios dedicándose a la ciencia ficción y que aunque el éxito y reconocimiento le llegarían con sus historias de pretendientes reales a lomos de gigantescos dragones sigue tiene una espina clavada con las adaptaciones de sus novelas iniciales.

jueves, 10 de agosto de 2017

Neuromante, tercer intento

Lleva tres décadas circulando por Hollywood sin encontrar a nadie que lo llevase a la pantalla, y eso que el "Neuromante" de William Gibson es a mi parecer (resalto, a mi parecer) una novela fácilmente adaptable (la cantidad necesaria de CGI simplemente dependía del momento que se rodase).

miércoles, 24 de agosto de 2016

La ciencia ficción en la realidad (53): un planeta en Próxima Centauri

El terremoto que ha sufrido Italia ha dejado en segundo plano en los medios de comunicación uno de los descubrimientos más importantes de la historia de la Astrofísica: un planeta en la supuestamente zona habitable de la estrella más cercana al Sistema Solar, Próxima Centauri.

viernes, 11 de septiembre de 2015

La ciencia ficción en la realidad (49): expresvía

Es increíble como se retoman ideas del pasado y se tratan de vender como proyectos innovadores. Pero vamos por partes. Una de las cosas que más asombran a los alumnos que llevo por primera vez a un aeropuerto (y créeme cuanto de digo que han sido muchos en estos últimos diez años) son las cintas andadoras, eso de andar e ir a una velocidad bestial para ellos es asombroso. Y mira que el concepto está infrautilizado en cuanto son más un reciclado de escaleras mecánicas que otra cosa (aparte de que seguramente sea muy costoso su mantenimiento y funcionamiento).

Pues bien, en un alarde, no se sabe bien si de genialidad o desesperación (depende de tus conocimientos en el campo de la ciencia ficción), una firma de arquitectos londinenses, NBBJ, ha propuesto sustituir la línea central del metro de Londres, la más saturada de todas, por estas cintas andadoras a tres velocidades (3, 6 y 9 millas por hora, o sea, 4.82, 9.65 y 14.48 kilómetros por hora) :


Donde la gente utilizaría el siguiente proceso para acelerar (y uno análogo para bajarse):


Espera, que esto se suena muchísimo. Sí, ya lo tengo, un tal Isaac Asimov utilizaba el mismo concepto en su novela de 1953 "Las bóvedas de acero" para su versión de la congestionada y agobiante Nueva York del siglo LI. El nombre de la traducción al castellano, expresvía (aunque la propuesta londinense se quedaría en una raquítica localvía). Por cierto, mientras preparaba este artículo me encontré con un dato que desconocía y es que hubo una versión televisiva de la novela en 1964 para la BBC2 escrita por Terry Nation (el creador de los Daleks) y en la cual interpretaba a Elijah Baley el mismísimo Peter Cushing. ¿Por qué no la conocía? Pues porque desapareció en las purgas de los 70 o en el famoso incendio, da lo mismo, y sólo se conservan estos fragmentos:



En fin, "otra pérdida inconmensurable para todos aquellos que nos gusta la ciencia ficción televisiva de los años 60".

sábado, 31 de enero de 2015

Atropellando a las novelas

Al final tenía que pasar, con George R. R. Martin atascado aún en la sexta novela de la saga, "Vientos de invierno", que la serie alcanzase a la saga literaria. Así que mejor que degustes con cuidado esta temporada, ya sea por poder ver los capítulos en IMAX o por salir como extra en alguna de las escenas de sabor patrio, ya que el futuro de la serie puede desbarrar bastante.

Ya sea porque los guionistas decidan ir por su cuenta, lo más probable (por mucho que estén bajo la batuta de George R. R. Martin), o detener la producción por un par de años al estilo Sherlock (aunque los actores infantiles se harán adultos) o realizar una insufrible precuela teniendo como base los nuevos escritos, se prevee salvo milagro de última hora una bajada del hype de la serie.

Bueno, dejando estas disquisiciones para dentro de cuatro meses, cuando el hecho acontezca, vamos a ver como funcionan los nuevos embebidos de Facebook, que parece que han decidido hacer la prueba de fuego con este dichoso tráiler:




En fin, "el peor libro de la saga George R. R. Martin puesto en imágenes".

miércoles, 12 de marzo de 2014

El libro imposible

Hoy he descubierto gracias a Jimmy Fallon el libro imposible. Un libro que puede ser adquirido sin problemas en Amazon y cuya lectura está aconsejada, si no son falsas todas las críticas que he visto por Internet, para todos los aficionados a la ciencia ficción que se precien y dominen el anglufo (el dominio de esta lengua en mi caso es escaso y jamás podría enfrentarme a semejante aventura).

Te dejo primero el corte del programa donde lo descubrí, que tampoco tiene precio:



Sí, "Amish Vampires in Space" es un libro real de 622 páginas que promete convertirse en un clásico del género, ya que con semejante título y portada no me cabe duda alguna:


Y cuyo hilarante argumento, que va a la par de lo anterior, es el siguiente:

"Jebediah tiene un secreto que cambiará su mundo para siempre y tiene el deber de enviar a su gente al espacio en una nave espacial para escapar de la destrucción de la Tierra.

El mundo Amish de Alabastro hace hace honor a esa antigua promesa de escapar de la destrucción cuando su sol llega a su fin. Sin embargo, no es lo único vivo que hay en esa nave. O, al menos, algo que solía estar vivo.

Ahora, con los vampiros tratando de asumir el control y acechando a los Amish, estos creyentes deberán decidir si su fe depende de sus tradiciones o de algo mucho más antiguo..."

En fin, dado que el autor, Kerry Nietz, nunca ha sido traducido al castellano, "dudo mucho que pueda disfrutar de esta novela hasta que hagan la adaptación cinematográfica o mejoren ostensiblemente los servicios de traducción automática".

miércoles, 2 de octubre de 2013

In memoriam: Tom Clancy

Ayer murió Thomas Leo Clancy Jr., más conocido como Tom Clancy, a los 66 años de edad en su ciudad natal, Baltimore. Archiconocido autor de novelas sobre inteligencia militar, la mayoría éxitos de ventas en los Estados Unidos, fue uno de los escritores que plasmó los estertores de La Guerra Fría y el inicio de la nueva era desde un punto comercial al alcance de la mayoría de lectores. Obviamente su obra no se puede analizar seriamente desde el enfoque de la crítica literaria, ninguna de sus obras alcanzó tal honor, pero fue capaz de crear al espía más reconocible por el gran público después de James Bond, me estoy refiriendo a Jack Ryan (Jason Bourne no creo que llegue al mismo nivel, aunque literariamente la obra de Robert Ludlum sea netamente superior).


Un servidor, al igual que la mayoría, se acercó a la obra de Tom Clancy después de ver casi con cara de asombro "La caza del Octubre rojo" (1990) en la ya mítica sesión doble infantil de cuatro horas del cine Coliseum de Benavente. El otro filme que se proyectó esa tarde fue "Desafío total" (1990). Vamos, las dos películas más frikis de 1990. No tardé en conseguir la novela en que se basaba, "La caza del submarino ruso", y deglutirla en pocos días (el relato de Philip K. Dick en que se basaba la otra película ya formaba parte de mi colección). Y en pocos meses conseguí otra de las novelas de la saga de Jack Ryan y mi favorita hasta el momento, "El Cardenal del Kremlin" (e incomprensiblemente olvidada en las adaptaciones cinematográficas). Después abandoné un poco el tema por otras inquietudes que resultaban más fáciles de obtener.

Después, con Alec Baldwin amortizado, llegarían las películas protagonizadas por Harrison Ford, las cuales harían que me acercase de nuevo a la saga y leyese "Juegos de patriotas", "Peligro inminente" y "Pánico nuclear" (mucho antes de la película protagonizada por Ben Affleck). Y de nuevo, al ser una lectura bastante ligera abandoné el barco hasta que en un arranque bastante extraño por mi parte, probablemente por haberme leído de un tirón todas las novelas de Harry Potter, me releí o leí cronológicamente todas las novelas publicadas sobre Jack Ryan en castellano que pude conseguir en la biblioteca pública, o sea, desde "La caza del submarino ruso" hasta "Órdenes ejecutivas". Arrancándome más de una sonrisa la evolución del personaje, que partiendo de ser simple analista de la CIA llega a convertirse en Presidente de los Estados Unidos (con una surrealista guerra contra Japón de por medio).

Y sí, todavía me faltan por leer otras nueve hasta completar las 16 novelas que componen el Ryanverse (por el momento no estoy por la labor). Y hasta aquí puede llegar mi interés por la obra de este escritor, pues aunque he tenido en mis manos "Equilibrio de poder", ese surrealista libro sobre una supuesta Guerra Civil en España en plan Yugoslavia no creo que me atreva a leerlo dado que contiene perlas de este calibre: "un grupo secreto de la inteligencia militar de Estados Unidos detecta que los vascos, catalanes, andaluces, castellanos y gallegos están a punto de ir a la guerra los unos contra los otros. La cuestión es que los catalanes, a quienes se describe como supremacistas blancos que odian a los negros desde hace 900 años, quieren hacerse con el control de España a través de una alianza bélica con los vascos. Como contrapartida, los vascos obtendrían su independencia. La tensión es tan grave que, por ejemplo, "los asistentes a una boda de andaluces en Segovia fueron atacados", e incluso "ha habido violencia en la frontera entre Salamanca y Zamora". En esto que un tal general Amadori se atrinchera en el Palacio Real de Madrid con la intención de hacerse con el poder emulando a Francisco Franco".

Así que me circunscribiré a lo que conozco. Por cierto, qué mira tú por donde su defunción coincide con el lanzamiento de la campaña publicitaria de la nueva revampirización del personaje de Jack Ryan por parte de Chris Pine (que tiene que buscarse las lentejas en la era post-Star Trek) en "Jack Ryan: Shadow Recruit" (2013) de Kenneth Branagh (en su primera película de acción como director, ya que no me atrevería a calificar a la tediosa "Thor" (2011) como película de acción).

En fin, "nos abandona otro de esos escritores con lo cuales no comparto ni la más mínima afinidad política (otro es el ya difunto Robert A. Heinlein, del cual devoro con fruición cada una de sus novelas, sobre todo las que me cuesta conseguir, por ejemplo este verano cayó en mis manos la gloriosa "Viernes", a ver si tengo tiempo de escribir una reseña en este mismo blog) aunque su obra me acompañe en las aburridas tardes de verano".

martes, 25 de junio de 2013

In memoriam: Richard Matheson

El domingo pasado falleció a los 87 años de edad uno de los escritores de ciencia ficción y fantástico más importantes del siglo pasado, el siempre activo, Richard Matheson. A diferencia de otros autores más reconocidos de su generación que permanecieron la mayor parte de su carrera trabajando para revistas y editoriales éste dio muy pronto el salto a otros medios, como pueden ser la televisión y el cine. Este es el pequeño homenaje que le rinde Ucronía latente.

Entre sus obras más reconocibles dentro del ámbito literario, aparte de casi un centenar de maravillosos relatos cortos, se encuentran "La Casa Infernal", "El Hombre Menguante" y "Soy leyenda". Siendo esta última hasta en tres ocasiones adaptada a la pantalla grande como largometraje. Obviamente no puedo aquí hacer un extenso repaso de su obra escrita, pero puedo centrarme en esta ocasión en su faceta como guionista dada su importancia intrínseca para el género. De todas formas recomiendo encarecidamente la lectura de alguna de sus colecciones de relatos cortos.

Su primera aparición dentro del ámbito cinematográfico fue casi fundamental para el devenir del género ya que adaptó su propia novela para hacer posible una de las películas fundamentales de éste, "El increíble hombre menguante" (1957) de Jack Arnold:



También escribió la primera adaptación de un relato corto suyo, "Acero", para la gloriosa Dimensión desconocida, donde el promotor de boxeo robótico era interpretado por el siempre genial Lee Marvin (esto es un ejemplo de lo que llamo ucronización de la ciencia ficción, emitido en 1963 situaba la acción un futuro todavía lejano que se encontraba en 1974). Puedes ver un corte pulsando aquí. Aunque el episodio más famoso que escribió fue "Nightmare at 20,000 Feet", que interpretado por un muy joven William Shatner pasaría a convertirse en uno los referentes clásicos de los encuentros con gremlins, casi ya convertido en leyenda urbana:



Un año más tarde podría adaptar por primera vez su novela más famosa y madre del subgénero que nos invade en estos días. Me estoy refiriendo a "Soy leyenda", cuya primera adaptación cinematográfica, "El último hombre sobre la Tierra" (1964), fue interpretada por el mítico Vincent Price:



Dos años más tarde escribiría uno de los capítulos más emblemáticos de Star Trek, "The Enemy Within" (el quinto de la saga, qué se dice pronto), salvo por el perro con antenas del que nadie quiere nunca hablar:



Luego, aunque colaborase en la segunda adaptación de "Soy leyenda" como cortometraje, sería apartado de la segunda adaptación en formato de largometraje y a la postre la mejor de todas. Me estoy refiriendo a "El último hombre... vivo" (1971) de Boris Sagal y que tenía como protagonista a Charlton Heston:



Pero no estuvo ocioso, ya que escribió ese mismo año el guión de la inolvidable "El diablo sobre ruedas" (1971), el debut de Steven Spielberg (así que en cierta forma apadrinó a uno de los directores que daría forma al género de la ciencia ficción cinematográfica años más tarde):



A finales de los años 70 trabajó junto con Ray Bradbury (otro grande del género) en la adaptación televisiva de sus "Crónicas marcianas" con un resultado tan desigual que hizo que el propio Bradbury aborreciese la miniserie (por cierto, aunque se rodó casi íntegramente en Canarias, el problema no se encontraba en las localizaciones marcianas, si no en un Rock Hudson ya pasado de vueltas):



Ya a finales de los años 90 y principios de este siglo Hollywood empezó a utilizar intensivamente como material de referencia tanto sus relatos cortos como sus novelas más famosas, llegando a la pantalla grande primero este colorido "Más allá de los sueños" (1998) protagonizado por Robin Williams:



Después este "El último escalón" (1999) de David Koepp:



Luego llegaría la tercera adaptación de "Soy leyenda" (2007), la más taquillera de todas, con un Will Smith completamente desenfrenado inmerso en un exceso de efectos especiales:



Y el fiasco de "The Box" (2009):



Aunque llegaría a ver de nuevo adaptado su relato "Acero" en una última explosión de CGI bajo el nombre de "Acero puro" (2011) (obviamente prefiero antes a Lee Marvin que a Hugh Jackman):



En fin, "un genial autor que ha estado acompañando a la mayoría de la gente sin que supiese que estaba detrás de todas esas geniales historias que les han emocionado. Qué en paz descanse".

viernes, 14 de junio de 2013

Secuela matemática

Aunque la mayoría de los lectores del blog podría suponer que hoy me decantaría por esa secuela de CGI pura encabezada por la siempre bella Eva Green (si alguien no sabe de que estoy hablando, más feliz es de lo que soy yo), he decidido conmigo mismo (qué para eso soy el autor de este blog) hablar de aunque sea de pasada de "Planilandia: una novela de muchas dimensiones" de Edwin A. Abbott.

Para el que no lo sepa existe una insospechada adaptación cinematográfica de esta novela inmortal, "Flatland: The Movie" (2007) donde la pasión por la geometría y sátira de la sociedad victoriana se encuentran en un mundo en dos dimensiones. Te dejo la primera parte subtitulada al castellano (hay que activar los subtítulos, no salen por defecto), de forma que no te pierdas las voces de Martin Sheen, Kristen Bell y Michael York:



Pues mira tú por donde, al igual que hay continuación de la novela, "Sphereland: A Fantasy About Curved Spaces and an Expanding Universe" escrita por Dionys Burger (ésta no la he leído), acabo de descubrir que también ésta tiene su propia adaptación cinematográfica (por cierto, cierta capitana vuelve al espacio por fin), la cual se titula "Flatland 2: Sphereland" (2012):



En fin, ver semejantes filmes, "salvo algunos sufridos alumnos de secundaria, está sólo al alcance de los más frikis del lugar. Ni Sheldon se ha atrevido a semejante hazaña por el momento".

viernes, 7 de junio de 2013

Adiós Wilt

En toda mi vida solo he tenido dos compañeros de piso. El segundo, con el que viví unas pocas semanas y asiduo lector de este blog, mejoró ostensiblemente mi nivel de inglés, el cual pasó de inexistente a inútil funcional gracias a las largas sesiones de anime en japonés subtitulado en inglés que compartíamos así como a que el único canal que estaba sintonizado todo el día en la televisión era el BBC News (salvo en un extraña ocasión, que por alguna razón que me es esquiva en estos momentos, terminamos adentrándonos en el oscuro subgénero de la ciencia ficción católica). Por cierto, el plato de la casa, como no podría ser de otra manera, era la famosa Torta del Casar.

El primero, con el cual conviví un año entero, a parte de demostrarme que se puede hacer y consumir tiramisú a cualquier hora del día, la noche y la madrugada siempre y cuando no estuviese practicando su hobby favorito, dormir, me introdujo en el extraño mundo de Wilt, una de las sagas más irreverentes de la literatura inglesa perpetrada por Tom Sharpe y razón última de que esté utilizando este lenguaje en estos momentos (pido perdón por adelantado si alguno de los dos se ha sentido herido por estas descripciones tan locuaces, pero obviamente iba buscando un estilo que se acomodase a lo que viene a continuación).

Bueno, Tom Sharpe nos ha abandonado hoy a los 85 años de edad y quería rendirle homenaje dejándote aquí un pequeño extracto de su personaje más emblemático, Wilt, relacionado con la educación:

"El director estaba sentado en su escritorio y miraba a Wilt incrédulo.
—¿Ascenso? —preguntó—. ¿Ha pronunciado usted la palabra «ascenso»?
—Así es —dijo Wilt—. Y más aún, dije «Jefe del Departamento de Humanidades».
—¿Después de todo lo que ha hecho usted? ¿Es posible que tenga el descaro de entrar aquí y exigir que le nombren jefe del Departamento de Humanidades?
—En efecto —confirmó Wilt.
El director pugnaba por encontrar palabras que correspondiesen a sus sentimientos. No era fácil. Delante de él estaba sentado un hombre que era responsable de la serie de desastres que habían puesto fin a sus esperanzas más ardientes. La Escuela ya nunca sería un instituto politécnico. El rechazo del título conjunto significaba precisamente eso. Y luego, la publicidad adversa, el recorte del presupuesto, sus luchas con el Comité de Educación, la humillación de que le llamaran el director de la Escuela de los Jodemuñecas...
—¡Queda usted despedido! —gritó.
Pero Wilt sonrió.
—Me parece que no —dijo—. Aquí tiene usted mis condiciones...
—¿Sus qué?
—Condiciones —dijo Wilt—. A cambio de que se me nombre jefe del Departamento de Humanidades, no iniciaré acción legal alguna contra usted por despido injusto, con toda la publicidad aneja que eso entrañaría. Retiraré asimismo mi demanda contra la policía por detención ilegal. No firmaré, además, el contrato que tengo aquí con el Sunday Post para una serie de artículos sobre el verdadero carácter de las Artes Liberales... me propongo calificarlas de Exposición a la Barbarie. Cancelaré las conferencias que había prometido dar en el Centro de Educación Sexual. No apareceré el domingo próximo en el programa de televisión Panorama. Abjuraré, en resumen, de todos los placeres y satisfacciones de la notoriedad...
El director alzó una mano temblona.
—Basta —dijo—. Veré lo que puedo hacer.
Wilt se levantó.
—Comuníqueme su decisión a la hora de comer —dijo—. Estaré en mi despacho.
—¿Su despacho? —dijo el director.
—El que pertenecía al señor Morris —dijo Wilt, y cerró la puerta.
El director cogió el teléfono. No había la menor duda de que las amenazas de Wilt iban completamente en serio. Tendría que darse prisa. Wilt bajó al Departamento de Humanidades y se puso a mirar los libros de las estanterías. Tenía pensados algunos cambios. Desaparecería El señor de las moscas. Y con él, Shane, Mujeres enamoradas, los Ensayos de Orwell y El guardián en el centeno, síntomas todos ellos de condescendencia intelectual, inconexos gusanos de sensibilidad. En el futuro, Instaladores de Gas Uno y Carne Dos aprenderían el cómo de las cosas y no el porqué. Aprenderían a leer y a escribir. A fabricar cerveza. A malgastar las devoluciones de las retenciones por el impuesto sobre la renta. A tratar con la policía en caso de detención. A hacer funcionar bien un matrimonio incompatible. Wilt daría él mismo las dos últimas clases. Los miembros del Departamento pondrían objeciones, amenazarían incluso con la dimisión. Pero daría lo mismo. Él aceptaría muy satisfecho las dimisiones de quienes se opusieran a sus ideas. Después de todo, no hacía falta un título de licenciado en literatura inglesa para enseñar a hacer algo a Instaladores de Gas. Bien pensado, los alumnos le habían enseñado más de lo que de él habían aprendido. Mucho más. Entró en el despacho vacío del señor Morris, se sentó a la mesa, y redactó un memorándum dirigido a los miembros del Departamento de Humanidades. El encabezamiento era: «Notas sobre un sistema de autoenseñanza para las clases de formación profesional.» Acababa de escribir «no jerárquico» por quinta vez cuando sonó el teléfono. Era el director.
—Gracias —dijo el nuevo jefe del Departamento de Artes Liberales."

En fin, creo que la mejor forma de homenajear a este vibrante autor es darle una oportunidad a su obra durante las próximas vacaciones veraniegas. Por cierto, "es triste decirlo, pero mientras Wilt consiguió su jefatura de departamento torturando a una muñeca hinchable, un servidor la consiguió por imperativo legal. Así de aburrida es mi vida".

viernes, 8 de junio de 2012

Un original de Ray Bradbury completamente inesperado

Hoy ha aparecido como por arte de magia, y nunca mejor dicho, un guión conceptual escrito por Ray Bradbury en 1977 para una de las atracciones del parque temático Epcot que se encuentra dentro del Disney World de Florida. Una perla que ha llegado a Internet mediante un envío anónimo.

Obviamente está escrito a máquina de escribir, la tecnología puntera por esa época en lo que refiere a escritura y edición de guiones:


Lo puedes descargar completo pulsando aquí.

En fin, "una verdadera gozada para todo aquel que se dedique a la enseñanza del cambio tecnológico a lo largo de la historia. Anda, si a eso me dedico yo, qué cosas".

miércoles, 6 de junio de 2012

In memoriam: Ray Bradbury

Hoy ha muerto a los 91 años de edad uno de los escritores más importantes de la historia de la ciencia ficción, me estoy refiriendo al siempre grandioso y escrupuloso Ray Bradbury (1920-2012). Autor que siempre brilló en el campo de los relatos cortos, formato que manejaba con increíble precisión, y que pasó a formar parte de la cultura popular gracias a su novela sobre el fin de los libros, la siempre sobrecogedora "Fahrenheit 451" y que es casi de lectura obligatoria para todo aquel que sea adicto a la lectura (valga la redundancia).

Para los amantes del género de la ciencia ficción es casi tan fundamental como esa novela la recopilación de relatos cortos que cuenta la historia de la colonización de Marte por parte de los seres humanos denominada "Crónicas marcianas" y cuya lectura es tan fundamental como la Biblia para los cristianos para cualquier persona que se sumerja en el género. Ambas, novela y recopilación, fueron sus primeras publicaciones allá en los años 50 y marcaron un hito importante tanto en su carrera como en todo el género.

Bueno, por si a raíz de este artículo te decides a leer algo de Bradbury sólo advertirte que no te encontrarás con largas sagas de space opera al estilo Star Wars o Star Trek, sino con una recopilación de breves retazos de futuros poco plausibles donde abundan los antihéroes, las profesiones imposibles, los personajes lastimosos o sesgados por el momento, los errores inapreciables que se convierten en grandes catástrofes, la filosofía vital concretada en parcos párrafos, las grandes civilizaciones en su ocaso y los finales inesperados hasta la última línea. Nunca una obra suya te dejará indiferente, desde el relato más oscuro hasta su obra más importante. Siempre te marcará de por vida.

Obviamente en primera instancia podrías pensar que un autor tan famoso ha sido adaptado en la gran pantalla hasta la saciedad, pero al igual que otros como Isaac Asimov, su obra se encuentra marcada como inadaptable (lo único adaptable para Hollywood del género al parecer son los relatos cortos de Philip K. Dick, algo incomprensible dadas sus características), siendo el único filme que resplandece entre los pocos que hay con luz propia el "Fahrenheit 451" (1966) de François Truffaut, ya comentado en los inicios de este mismo blog (véase: "Sesión de palomitas (2): Fahrenheit 451"), del que te dejo su trailer original:



Por cierto, parece que hoy hay barra libre en cuanto a lo de los derechos de autor (obviamente no te voy a poner el film entero pero su versión doblada al castellano se encuentra integra en un único vídeo entre las primeras referencias del Youtube, para que luego me hablen del límite de los 10 minutos y los algoritmos de Google para detectar material protegido) y visto que la mayoría de columnistas de los periódicos de referencia de este país están compartiendo su relato favorito de este genial autor yo no voy a ser menos. Para mí el mejor sin lugar a dudas es este "El picnic de un millón de años" de 1946 con el que se cierran las "Crónicas marcianas":

De algún modo mamá tuvo la idea de que quizás a todos les gustaría ir de pesca. Pero Timothy sabía que no eran palabras de mamá. Las palabras eran de papá, y las dijo mamá en vez de él.
Papá restregó los pies en un montón de guijarros marcianos y se mostró de acuerdo. Siguió un alboroto y un griterío; el campamento quedó reducido rápidamente a cápsulas y cajas. Mamá se puso un pantalón de viaje y una blusa, y papá llenó la pipa con dedos temblorosos, mirando fijamente el cielo marciano, y los tres chicos se apilaron gritando en la lancha de motor, y ninguno de ellos, excepto Timothy, se ocupó de mamá y de papá.
Papá apretó un botón. El motor emitió un zumbido que se elevó en el aire. El agua se agitó detrás, la lancha se precipitó hacia delante, y la familia gritó:
—¡Hurra!
Timothy, sentado a popa, puso dos deditos sobre los velludos dedos de papá y miró cómo se retorcía el canal y cómo se alejaban del lugar en ruinas adonde habían llegado en el pequeño cohete, directamente desde la Tierra.
Recordaba aún la noche anterior a la partida, las prisas y los afanes, el cohete que papá había encontrado en alguna parte, de algún modo, y aquella idea de pasar unas vacaciones en Marte. Marte estaba demasiado lejos para ir de vacaciones, pero Timothy pensó en sus hermanos menores y no dijo nada. Habían llegado a Marte, y ahora iban a pescar. Así decían al menos.
La lancha remontaba el canal. La mirada de papá era muy extraña, y Timothy no la podía entender. Era una mirada brillante, y quizá también aliviada; le arrugaba la cara en una mueca de risa más que de preocupación o de tristeza.
El cohete, ya casi frío, desapareció detrás de una curva.
—¿Durará mucho el paseo? —preguntó Robert.
La mano le saltaba como un cangrejito sobre el agua violeta.
Papá suspiró:
—Un millón de años.
—¡Zas! —dijo Robert.
—Mirad, chicos. —Mamá extendió un brazo largo y suave—. Una ciudad muerta.
Los chicos miraron con una expectación fervorosa, y la ciudad muerta estaba allí, muerta sólo para ellos, adormilada en el cálido silencio estival puesto allí por algún marciano hacedor de climas.
Y papá miró la ciudad como si le gustase que estuviera muerta.
Eran unas pocas piedras rosadas, dormidas sobre unas dunas; unas columnas caídas, un templo solitario, y más allá otra vez las extensiones de arena. Nada más, un desierto blanco a lo largo del canal, y encima un desierto azul.
De repente un pájaro atravesó el espacio, como una piedra lanzada a un lago celeste; golpeó, se hundió y desapareció.
Papá lo miró con ojos asustados.
—Creí que era un cohete.
Timothy observó el profundo océano del cielo, tratando de ver la Tierra en llamas, las ciudades en ruinas y los hombres que no dejaban de matarse unos a otros. Pero no vio nada. La guerra era algo tan apartado y lejano como el duelo a muerte de dos moscas bajo la nave de una enorme catedral silenciosa; e igualmente absurda.
William Thomas se enjugó la frente y sintió en el brazo la mano de Timothy, como una tarántula joven, arrobada.
—¿Qué tal, Timmy?
—Muy bien, papá.
Timothy no alcanzaba a imaginar qué estaba funcionando ahora dentro de ese vasto mecanismo adulto que tenía al lado. Era un hombre de gran nariz aguileña, tostado y despellejado por el sol, de brillantes ojos azules, como las bolitas de ágata con que había jugado en la Tierra en las vacaciones de verano, y de piernas largas y gruesas como columnas envueltas en pantalones holgados.
—¿Qué miras, papá?
—Estoy buscando lógica terrestre, sentido común, gobierno honesto, paz y responsabilidad.
—¿Todas esas cosas están allá arriba?
—No. No las he encontrado. Ya no están ahí. Y nunca volverán a estarlo. Quizá nunca lo estuvieron.
—¿Eh?
—Mira el pez —dijo papá señalando el agua.
Se oyó un clamor de voces de soprano. Los tres chicos doblaron los cuellos delgados sobre el canal, sacudiendo la lancha, diciendo «¡oh!» y «¡ah!».
Un anillado pez de plata nadaba junto a ellos. De pronto onduló y se cerró como un iris, devorando unos trocitos de comida.
Papá miró el pez y dijo con voz grave y serena:
—Es como la guerra. La guerra avanza nadando, ve un poco de comida, y se contrae. Un momento después... ya no hay Tierra.
—William —dijo mamá.
—Perdona —dijo papá.
Inmóviles, en silencio, miraron pasar las aguas del canal, frescas, veloces y cristalinas. Sólo se oía el zumbido del motor, el deslizamiento del agua, el sol que dilataba el aire.
—¿Cuándo veremos a los marcianos? —preguntó Michael.
—Quizá muy pronto —dijo papá—. Esta noche tal vez.
—Oh, pero los marcianos son una raza muerta —dijo mamá.
—No, no es cierto. Yo os enseñaré algunos marcianos —replicó papá.
Timothy frunció las cejas, pero no dijo nada. Todo era muy raro ahora. Las vacaciones y la pesca y las miradas que se cruzaba la gente.
Los otros dos chicos ya estaban buscando marcianos, y protegiéndose los ojos con las manitas examinaban los pétreos bordes del canal a dos metros por encima del agua.
—Pero ¿cómo son los marcianos? —preguntó Michael.
Papá se rió de un modo extraño y Timothy vio que un pulso le latía en la mejilla.
—Lo sabrás cuando los veas.
La madre era esbelta y suave, con una trenza de pelo de oro rizado en lo alto de la cabeza, como una tiara, y ojos morados, con reflejos de ámbar, del color de las aguas profundas del canal cuando la corriente se deslizaba a la sombra. Se le podían ver los pensamientos nadando como peces en los ojos; unos brillantes, otros sombríos, unos rápidos y fugaces, otros lentos y pacíficos; y a veces, como cuando miraba la Tierra, los ojos eran sólo color y nada más. Estaba sentada a proa, con una mano en el borde de la lancha y la otra sobre los oscuros pantalones azules; una línea de piel tostada por el sol le asomaba bajo la blusa, abierta como una flor blanca.
Miró hacia delante, y, como no pudo ver con claridad, miró hacia atrás, hacia su marido, y reflejado en sus ojos vio entonces lo que había delante. Y como él añadía algo de sí mismo a ese reflejo, una resuelta firmeza, la mujer se tranquilizó y la aceptó, y se volvió otra vez, comprendiendo de pronto dónde tenía que buscar.
Timothy miraba también. Pero sólo veía un canal recto, como una línea de lápiz violeta que cruzaba un valle amplio y poco profundo; las colinas antiguas y bajas se extendían hasta el borde del cielo. Y el canal continuaba, atravesando unas ciudades que habrían sonado como escarabajos dentro de una calavera si alguien las hubiese sacudido. Eran cien o doscientas ciudades que dormían envueltas en los sueños de los tibios días del verano y en los sueños de las noches frías de invierno...
La familia había viajado millones de kilómetros para esto: una excursión de pesca. Pero en el cohete tenían un arma. Era una excursión, pero ¿para qué habían escondido tanta comida cerca del cohete? Vacaciones. Pero detrás del velo de las vacaciones no había caras dulces y risueñas, sino algo duro y huesudo y quizá terrible. Timothy no podía levantar ese velo, y los otros dos chicos estaban ocupados ahora, pues sólo tenían diez, y ocho años.
Robert apoyó la barbilla en forma de V en el hueco de las manos y observó con ojos muy abiertos las orillas del canal.
—No veo marcianos todavía.
Papá había traído una radio atómica de pulsera. Funcionaba según un anticuado principio: se aplicaba contra los huesos del oído y vibraba cantando o hablando. Papá la escuchaba con un rostro que parecía una ciudad marciana en ruinas: pálido, enjuto y seco, casi muerto.
Luego pasó el aparato de radio a mamá. Mamá escuchó con la boca abierta.
—¿Qué... ? —empezó a preguntar Timothy, pero no terminó lo que quería decir.
En ese momento se oyeron dos titánicas explosiones que los sacudieron hasta los tuétanos, seguidas de una media docena de débiles temblores.
Alzando bruscamente la cabeza, papá aumentó en seguida la velocidad de la lancha. La lancha saltó y se torció y voló. Esto acabó con los temores de Robert, y Michael, dando gritos de miedo y sorprendida alegría, se abrazó a las piernas de mamá y miró el agua que le pasaba por debajo de la nariz en un alborotado torrente.
Papá desvió la lancha, aminoró la velocidad, y llevó la embarcación por un canal estrecho hasta debajo de un antiguo y ruinoso muelle de piedra que olía a carne de crustáceo. La lancha golpeó el muelle, y todos fueron despedidos hacia delante, pero nadie se lastimó, y papá se inclinó en seguida sobre la borda para ver si los rizos del agua borraban la estela de la lancha. Las ondas del canal se entrecruzaron, golpearon las piedras, retrocedieron encontrándose otra vez, se detuvieron, moteadas por el sol. Desaparecieron.
Papá escuchó. Todos escucharon.
La respiración de papá resonaba como si unos puños golpearan las húmedas y frías piedras del muelle. En la sombra, los ojos de gato de mamá observaban a papá buscando algún indicio de lo que iba a pasar ahora.
Papá se tranquilizó y suspiró, riéndose de sí mismo.
—Era el cohete, por supuesto. Estoy cada vez más nervioso. El cohete.
—¿Qué ha pasado, papá, qué ha pasado? —preguntó Michael.
—Nada, que hemos volado el cohete —dijo Timothy tratando de hablar en un tono indiferente—. He oído antes ese ruido, en la Tierra. El cohete estalló.
—¿Por qué volamos el cohete? —preguntó Michael—. ¿Eh, papá?
—Es parte del juego, tonto —dijo Timothy.
La palabra entusiasmó a Michael y a Robert.
—¡Un juego!
—Papá lo arregló para que estallara. Así nadie puede saber dónde estamos. Por si vienen a buscarnos, ¿entiendes?
—¡Qué bien! ¡Un secreto!
—Asustado por mi propio cohete —le dijo papá a mamá—. Estoy muy nervioso. Es tonto pensar en otros cohetes. Quizás uno... Si Edward y su mujer consiguieron salir de la Tierra.
Se llevó otra vez el diminuto aparato de radio a la oreja. Dos minutos después, dejó caer la mano como quien deja caer un trapo.
—Por fin se acabó —le dijo a mamá—. La radio acaba de perder la onda atómica. Ya no hay más estaciones en el mundo. Sólo quedaban dos en estos últimos años. Todas callaron ahora, y así seguirán probablemente.
—¿Por cuánto tiempo, papá? —preguntó Robert.
—Quizá vuestros bisnietos vuelvan a oírlas —contestó papá, y tuvo una sensación de terror, derrota y resignación que alcanzó a los niños.
Finalmente papá guió otra vez la lancha hacia el canal y continuaron el paseo.
Se hacía tarde. El sol descendía. Una hilera de ciudades muertas se extendía delante de ellos a lo largo del canal.
Papá les habló a sus hijos muy serenamente y en voz baja. Muchas veces, en otros tiempos, se había mostrado inaccesible y severo, pero ahora les hablaba acariciándoles la cabeza. Los niños lo notaron.
—Mike, elige una ciudad.
—¿Qué papá?
—Elige una ciudad. Cualquiera.
—Bueno —dijo Michael—. ¿Cómo la elijo?
—Elige la que más te guste. Y vosotros, Robert, Tim, elegid también la que más os guste.
—Yo quiero una ciudad con marcianos —dijo Michael.
—La tendrás —dijo papá—. Te lo prometo.
Hablaba con los chicos, pero miraba a mamá.
En veinte minutos pasaron ante seis ciudades. Papá no volvió a hablar de explosiones. Prefería, aparentemente, divertirse con sus hijos, verlos reír, a cualquier otra cosa.
A Michael le gustó la primera ciudad, pero los demás no le hicieron caso, pues no confiaban en juicios apresurados. La segunda ciudad no le gustó a nadie. Era un campamento terrestre de casas de madera que ya estaba convirtiéndose en serrín. La tercera le gustó a Timothy porque era grande. La cuarta y la quinta eran demasiado pequeñas, y la sexta provocó la admiración de todos, incluso de mamá, que se sumó a los «¡ah!» y «¡oh!» y a los «¡mirad eso!».
Era una ciudad de cincuenta o sesenta enormes estructuras, en pie todavía; había polvo en las calles de piedra, uno o dos surtidores latían aún en las plazas. Lo único vivo: unos chorros de agua a la luz de la tarde.
—Ésta es la ciudad —dijeron todos.
Papá guió la lancha hacia un muelle y desembarcó de un salto.
—Ya estamos. Esto es nuestro. Aquí viviremos desde ahora.
—¿Desde ahora? —exclamó Michael, incrédulo, poniéndose de pie. Miró la ciudad y se volvió parpadeando hacia el lugar donde había estado el cohete—. ¿Y el cohete? ¿Y Minnesota?
—Aquí —dijo papá, y tocó con el aparatito de radio la cabeza rubia de Michael—. Escucha.
Michael escuchó.
—Nada —dijo.
—Eso es. Nada. Nada, para siempre. No más Minneapolis, no más cohetes, no más Tierra.
Michael meditó unos instantes en la fatal revelación y rompió en unos sollozos entrecortados.
—Espera, Mike —le dijo papá en seguida—. Te doy mucho más a cambio.
Michael, intrigado, contuvo las lágrimas, aunque dispuesto a continuar si la nueva revelación de papá era tan desconcertante como la primera.
—Te doy esta ciudad, Mike. Es tuya.
—¿Mía?
—Sí, de los tres: tuya y de Robert y de Timothy. Exclusivamente vuestra.
Timothy saltó de la lancha.
—¡Todo es nuestro, todo!
Continuaba jugando con papá, y jugaba a fondo y bien. Más tarde, cuando todo concluyera y se aclarara, podría separarse de los demás y llorar a solas diez minutos. Pero ahora era todavía un juego, una excursión familiar, y los otros dos chicos tenían que seguir jugando.
Mike y Robert saltaron de la lancha y ayudaron a mamá.
—Cuidado con vuestra hermana —dijo papá, y nadie supo, hasta más tarde, lo que quería decir.
Entraron en la vasta ciudad de piedra rosada, hablándose en voz baja, pues las ciudades muertas invitan a hablar en voz baja, y observaron la puesta del sol.
—Dentro de unos cinco días —dijo papá— volveré al lugar donde estaba el cohete y recogeré la comida escondida en las ruinas y la traeré aquí. Después buscaré a Bert Edwards, su mujer y sus hijas.
—¿Hijas? —preguntó Timothy—. ¿Cuántas?
—Cuatro.
—Ya veo que eso nos traerá preocupaciones —dijo mamá meneando la cabeza.
—Chicas —dijo Michael, y torció la cara como una vieja y pétrea imagen marciana—. Chicas.
—¿También vienen en cohete?
—Sí. Si consiguen llegar. Los cohetes familiares se construyen para ir a la Luna, no a Marte. Nosotros tuvimos suerte.
—¿Dónde conseguiste el cohete? —susurró Timothy mientras los otros dos chicos corrían adelantándose.
—Lo guardé durante veinte años, Tim. Lo escondí, esperando no tener que usarlo. Supongo que tenía que habérselo entregado al gobierno, para la guerra, pero pensaba constantemente en Marte...
—Y en un picnic.
—Eso es. Esto queda entre nosotros. Cuando vi que todo acababa en la Tierra, y después de haber esperado hasta el último momento, embarqué a la familia. También Bert Edwards tenía escondido un cohete, pero nos pareció mejor no partir juntos, por si alguien intentaba derribarnos a tiros.
—¿Por qué volaste el cohete, papá?
—Para que nunca podamos volver. Y de este modo, además, si alguno de aquellos malvados viene a Marte, no sabrá que estamos aquí.
—¿Por eso miras siempre el cielo?
—Sí, es una tontería. No nos seguirán nunca. No tienen con qué seguirnos. Me preocupo demasiado, eso es todo.
Michael volvió corriendo.
—¿Esta ciudad es de veras nuestra, papá?
—Todo el planeta es nuestro, hijos. Todo el bendito planeta.
Allí estaban, el Rey de la Colina, el Señor de las Ruinas, el Dueño de Todo, los monarcas y presidentes irrevocables, tratando de comprender qué significaba ser dueños de un mundo, y qué grande era realmente un mundo.
La noche cayó rápidamente en la delgada atmósfera, y papá los dejó en la plaza, junto al surtidor intermitente, llegó hasta la embarcación, y volvió con un paquete de papeles en las manos.
Amontonó los papeles en un viejo patio y los encendió. Todos se agacharon alrededor de las llamas calentándose y riéndose, y Timothy vio que cuando el fuego las alcanzaba, las letritas saltaban como animales asustados. Los papeles crepitaron como la piel de un hombre viejo, y la hoguera envolvió innumerables palabras:
«TÍTULOS DEL GOBIERNO; Gráficas comerciales e industriales, 1999; Prejuicios religiosos, ensayo: La ciencia de la logística; Problemas de la Unidad Americana; Informe sobre reservas, 3 de julio de 1998; Resumen de la guerra...»
Papá había insistido en traer estos papeles, con este propósito. Los fue arrojando al fuego, uno a uno, con aire de satisfacción y explicó a los chicos qué significaba todo eso.
—Ya es hora de que os diga unas pocas cosas. No fue justo, me parece, que os las haya ocultado. No sé si entenderéis, pero tengo que decirlo, aunque sólo entendáis una parte.
Arrojó una hoja al fuego.
—Estoy quemando toda una manera de vivir, de la misma forma que otra manera de vivir se quema ahora en la Tierra. Perdonadme si os hablo como un político, pero al fin y al cabo soy un ex gobernador; un gobernador honesto, por eso me odiaron. La vida en la Tierra nunca fue nada bueno. La ciencia se nos adelantó demasiado, con demasiada rapidez, y la gente se extravió en una maraña mecánica, dedicándose como niños a cosas bonitas: artefactos, helicópteros, cohetes; dando importancia a lo que no tenía importancia, preocupándose por las máquinas más que por el modo de dominar las máquinas. Las guerras crecieron y crecieron y por último acabaron con la Tierra. Por eso han callado las radios. Por eso hemos huido...
»Hemos tenido suerte. No quedan más cohetes. Ya es hora de que sepáis que esto no es una excursión de pesca. He ido demorando el momento de decirlo. La Tierra ya no existe; ya no habrá viajes interplanetarios, durante muchos siglos, quizá nunca. Aquella manera de vivir fracasó, y se estranguló con sus propias manos. Sois jóvenes. Os repetiré estas palabras, todos los días, hasta que entren en vosotros.
Hizo una pausa y alimentó el fuego con otros papeles.
—Estamos solos. Nosotros y algunos más que llegarán dentro de unos días. Somos bastantes para empezar de nuevo. Bastantes para volver la espalda a la Tierra y emprender un nuevo camino...
Las llamas se elevaron subrayando lo que decía papá. Y luego todos los papeles desaparecieron, menos uno. Todas las leyes de la Tierra fueron unos pequeños montículos de ceniza caliente que pronto se llevaría el viento.
Timothy miró el papel que papá arrojaba al fuego. Era un mapa del mundo. El mapa se arrugó y retorció entre las llamas, y desapareció como una mariposa negra y ardiente. Timothy volvió la cabeza.
—Ahora, os voy a mostrar los marcianos. Venid todos. Ven, Alice —dijo papá tomando a mamá de la mano.
Michael lloraba ruidosamente, y papá lo alzó en brazos y todos caminaron por entre las ruinas, hacia el canal.
El canal. Por donde mañana, o pasado mañana, vendrían en bote las futuras esposas, unas niñitas sonrientes, acompañadas de sus padres.
La noche cayó envolviéndolos, y aparecieron las estrellas. Pero Timothy no encontraba la Tierra en el cielo. Se había puesto. Era algo que hacía pensar.
Un pájaro nocturno gritó entre las ruinas.
—Vuestra madre y yo procuraremos instruiros —dijo papá—. Tal vez fracasemos, pero espero que no. Hemos visto muchas cosas y hemos aprendido mucho. Este viaje lo planeamos hace varios años, antes de que naciérais. Creo que aunque no hubiese estallado la guerra habríamos venido a Marte y habríamos organizado aquí nuestra vida. La civilización terrestre no hubiese podido envenenar a Marte en menos de un siglo. Ahora, por supuesto...
Llegaron al canal. Era largo y recto y fresco, y reflejaba la noche.
—Siempre quise ver un marciano —dijo Michael—. ¿Dónde están, papá? Me lo prometiste.
—Ahí están —dijo papá, sentando a Michael en el hombro y señalando las aguas del canal.
Los marcianos estaban allí. Timothy se estremeció.
Los marcianos estaban allí, en el canal, reflejados en el agua: Timothy y Michael y Robert y papá y mamá.
Los marcianos les devolvieron una larga, larga mirada silenciosa desde el agua ondulada...

En fin, "qué en paz descanse, aunque haya desaparecido sus obras no lo harán por eones".

miércoles, 21 de marzo de 2012

Siguiendo la producción del "El juego de Ender" (2013)

Bueno, parece que el tema de la próxima adaptación de "El juego de Ender" de Orson Scott Card va hacia delante después de todos los altibajos (y por mucho que decidan prohibir su lectura en los colegios estadounidenses por considerarlo pornográfico). Obviamente por el momento poco o nada se sabe de este "El juego de Ender" (2013) salvo que el reparto que incluye nombres de la talla de Asa Butterfield, Harrison Ford, Ben Kingsley o Viola Davis, y que el director de la función será Gavin Hood. De todas formas parece que han decidido llevar un blog sobre la producción y puedes consultarlo pulsando aquí. En fin, "sólo espero que no hagan un verdadero estropicio con la adaptación dado que la novela ya tiene una estructura bastante fílmica".

domingo, 1 de enero de 2012

Frases y comentarios (178)

Al fin estamos en el 2012 y seguimos aquí, el próximo punto de control nos espera en el todavía lejano 21 de diciembre (si te crees todas esas paparruchas sobre el fin del mundo). Sólo espero que hayas empezado el día como corresponde, escuchando unos minutos del Concierto de Navidad aunque sea el primer año en que probablemente no habrás podido ver los saltos de esquí, ya que Televisión española ha perdido los derechos. Hasta en los ritos navideños del primer año hay recortes. Pero yo no aplicaré la tijera, de ahí que hoy te deje la habitual recopilación semanal de vuestros comentarios, que como siempre llega en domingo (o en lunes, aunque Darkel no se haya enterado después de tres años). Los nominados de esta semana son:

"XDDDD radiactico strikes back"
Bierce 21

"Hoy he visto 'Melancolía' también conocida como 'El Arbol de la vida II'. He acabado con unas ganas de que se murieran los personajes de una vez increíbles. Aún así me ha gustado, creo."
Darkel

"Se ve que hay semanas en que ciertos comentaristas deciden comentar y esto se anima a base de bien..."
Fredy

"Anda, si sigue el puto muñeco maricon de la flor en el culo"
Inzert

"Jarto estoy del chiste, pero me uno, menuda fanea chuchi que la economia ahora va con Güindos y tu eres un puto traidor de mierda de IOs... estas condenao"
Bierce 21

"Pero si Chuchi usa un emulador para usar el paint, la calculadora y el solitario de windows"
Inzert

"Chuchicristo, de Lars Von Trier."
Darkel

"Chuchicristo, cazador de vampiros."
Inzert

"Estas películas no existen, son producto de la imaginación atormentada de un funcionario con miedo a recortes que detengan su acelerado tren de vida"
Bierce 21

"El iPad me la está jugando... Eso me pasa por escribir comentarios demasiado largos. Mira, no digo que la película no vaya a ser un bodrio. Probablemente lo será. Pero está a años luz de cosas como The Darkest Hour o Battleship."
Juan Raigada

"A mí siempre me acojona mucho más, pese a mi ateísmo, el terror satánico que el derivado de alienígenas y bichos varios."
Juan Raigada

"Yo vi el proyecto de la Bruja de Blair de pequeño y me traumatizó. Es la razón por la cual le he cogido manía al genero de terror y al género del falso documental este.
Coños que explotan...andevamo a llegá"
Darkel

"En plena era rajoy estreno un Lumia 800"
Bierce 21

"ahm, otra cosa, seguimos teniendo monarca... Por que no dimite la familia real en pleno?? Los borbones kaka"
Bierce 21

"Viva el Rey.
Viva España
Visca Catalunya
Viva la pirateria
Viva la Republica"
Inzert

"Chuchi tiene un hijo bastardo en el muro."
Darkel

"Jon Snow Ferreras"
Darkel

"Es que me enciendo me enciendo, que aprobais un examen y os pensais que os han nombrado señores de Lanister copon!!!!"
Bierce 21

"Te falta una chus, van a bajar los precios sobre la vaselina..."
Adrián

"Qué malo es ZP."
Darkel

"Ni han recortado a la Iglesia, no sea que se les acabe el dinero pa condones y no puedan violar niños "safely". Tampoco han recortado en ejercito, indispensable para defendernos de nuestros multiples y numerosos enemigos como...esto...los catalanes...no esos no...los zamoranos... no tampoco...estoo... los borg."
Darkel

"Tocate los chuchis. ¿Donde esta el frases y comentarios? "
Darkel

"Ah coño que eso es domingo y esta es de sabado. Es que pensaba que era domingo. Locura total."
Darkel

Por cierto, que en ciertas ocasiones vuestros comentarios me dejan estupefacto, puedo ser a la vez tantas cosas contradictorias en primera instancia (no contaré nada al respecto, por eso de los spoilers) que cualquier persona que no me conozca podría pensar que sufro un trastorno de identidad disociativo. Baste como botón de lo que estoy diciendo las referencias a Juego de Tronos de esta semana sin venir a cuento (por otro lado, para todo aquel que vaya lo suficiente adelantado con las lecturas de esta saga, ayer el autor, George R.R. Martin, liberó uno de los capítulos de su sexto libro, The Winds of Winter, y que puedes leer pulsando aquí): pertenezco simultáneamente a la casa Lannister y tengo un bastardo con el apellido Snow; "es decir, citando a Darkel, una locura total".

jueves, 1 de diciembre de 2011

El trailer que cierra el círculo

Hace unas pocas horas se ha iniciado un interesante debate en la mayoría de blogs cinematográficos norteamericanos sobre el incansable tema de que fue antes, el huevo o la gallina. La culpable de que esto ocurra ha sido Disney, que ha liberado el segundo trailer de "John Carter" (2012), la ambiciosa adaptación de "Una princesa de Marte" de Edgar Rice Burroughs.

Obviamente, antes de adentrarme en la disputa, te lo ofrezco:



Sí, ya sé que parece una copia barata de Star Wars cruzada con "El Señor de los Anillos", pero en principio no es así. Como ya indiqué hace unos meses en el siguiente artículo: "El homenaje esquivo"; el centro del problema se encuentra en que la novela de referencia, "La princesa de Marte", va a cumplir su primer centenario el año que viene, es decir que es muy anterior a las obras de las cuales supuestamente está copiando tanto estética como argumento. Ahora bien, dado que yo sí he leído el libro en cuestión, puedo confirmarte que casi todo lo que se ve en el trailer aparece en éste. Por lo tanto asombrosamente con esta película comienza a cerrarse el círculo de que los homenajes o fusilamientos libertarios de una obra puede hacer pensar que la película basada en ésta parezca un pastiche de las películas que se han valido de éstos. Vamos, todo un lío difícil de desentrañar al igual que el tema del huevo y la gallina.

En fin, como siempre estoy abierto a todas vuestra sesudas interpretaciones, "aunque supongo que os pondréis a discutir sobre cualquier otra cosa, como es habitual".

lunes, 31 de octubre de 2011

De nuevo jugando con Ender

Y parece que a la enésima va a la vencida. Después de circular el primer guión de Orson Scott Card de su genial novela "El juego de Ender" sin pena ni gloria durante los últimos 8 años por Hollywood parece que el proyecto al fin avanza. De hecho directores tan emblemáticos para el género como Wolfgang Petersen o Ridley Scott se acercaron a la historia sin quererse hacerse cargo de ella. Ahora bien, como el propio autor dijo en su blog, un segundo guión más digerible para Hollywood (supóngase que se ha tratado de una reescritura) parece que ha encontrado una final algo más feliz que el limbo en que se encontraba el primero.


Bueno, parece que digerible del todo no tanto, ya que el director que se va a hacer cargo de la función, Gavin Hood, se encuentra en estos momentos reescribiéndolo completamente de nuevo mientras va reuniendo equipo para realizar tanto casting como preproducción. Para el que no lo sepa, Gavin Hood, es un director sudafricano que alcanzó la fama al ganar el Oscar a la mejor película de habla no inglesa con "Tsotsi" (2005) aunque su prometedora carrera se truncó en cierta forma después de perpetrar un subproducto como "X-Men Orígenes: Lobezno" (2009). De todas formas, dentro del mundo friki es más conocido como el actor que interpretó al coronel Alexi Vaselov en Stargate SG-1, el cual era portador de un Anubis semiascendido en su intento de fuga de la Tierra .

En fin, "con semejantes antecedentes poco se puede esperar de esta adaptación cinematográfica, ya que después de pasar por tantas reescrituras casi nada quedará del original, aun así tendremos que esperar al lejano 15 de marzo de 2013 para poder comprobar in situ el estropicio".

miércoles, 3 de agosto de 2011

Starplex

Hace tiempo que no hacía una pequeña reseña literaria de alguna novela de ciencia ficción. La agraciada en esta ocasión ha sido "Starplex", el intento de Robert J. Sawyer de dar un enfoque medianamente serio a las aventuras estelares al más puro estilo Star Trek.

"Starplex" es la segunda novela de Robert J. Sawyer que ha caído en mis manos y la verdad es que puedo decir que en cierta forma me ha congraciado con el autor después de leer la infame "Recuerdos del futuro", que a la postre daría lugar a la ya merecidamente cancelada FlashForward (véase: "Recuerdos del futuro").

Es curioso lo hambrientos que estamos últimamente los amantes de la space opera más trivial de que aparezca una serie de las mismas características que Star Trek. Las cancelaciones de Stargate Atlantis, Enterprise y Farscape junto con el encumbramiento de la nueva versión de Battlestar Galactica, también cancelada, nos ha llevado a una situación en la que la space opera que tiene como motor el humor y las situaciones más estrambóticas ha desaparecido de los paneles de los canales de televisión, salvo por la ocasional presencia de nuestro querido Doctor Who, que es lo más cercano que existe actualmente al subgénero que me estoy refiriendo. Así que por el momento aquellos que seguimos siendo fieles seguidores de este estilo tenemos que conformarnos con una de estas tres opciones: volver a ver viejos capítulos, leer las novelas que continúan las sagas canceladas (la mayoría en inglés, por lo que para un servidor no es una opción) o revisar las fuentes de éstas (que es la labor que estoy realizando en este momento).

De todas formas fuera de esta triple opción, bastante deprimente en principio, cabe también leer "Starplex", que es algo así como tratar de dar un fondo de verosimilitud a lo que sería la combinación entre el argumento básico de un capítulo de Star Trek y los agujeros de gusano de Stargate.

¿Qué nos propone "Starplex"? Pues nos cuenta las andanzas de la nave insignia de una pequeña federación de planetas conformada por cuatro especies: los humanos, los delfines (sí, no estoy de broma), los waldahud (una especie de cerdos) y los ib (un conglomerado extraño de simbiontes). Estos dos últimos versiones humorísticas de los klingons y los vulcanos. Su misión obviamente consiste en explorar la galaxia y establecer contacto con cualesquiera especies inteligentes que se encuentren en su camino. Con semejante argumento podríamos esperar encontrarnos con la clásica novela de aventuras regada con un montón de tecnobable incomprensible. Pero es aquí donde Robert J. Sawyer es capaz de dar un giro inesperado a su historia. En vez de recrearse en épicas batallas estelares y situaciones rocambolescas, presta más atención a los detalles más minúsculos de la problemática convivencia de las cuatro especies en la nave. Desde la graduación de las fuentes de luz en las diferentes secciones de la nave hasta el control de los olores, lo que obliga a los humanos a ducharse dos veces al día. Por otro lado, los primeros contactos con otras especies se alargan días mientras se establece un panel de traducción. Y es así todo el rato, los problemas reales del espacio condicionan el devenir de la historia, todo un hallazgo, ya que el autor consigue mantener la tensión a la largo de toda lo novela con una historia tan surrealista como inesperada.

Bueno, como siempre, primero vayamos con lo mejor:

  • El planteamiento de la historia como si de un episodio piloto de una nueva serie se tratase.
  • La asignación de diferentes acentos de los traductores universales según que especie se encuentre hablando.
  • El encuentro con seres de dimensiones planetarias constituidos por materia oscura.
  • La batalla estelar.
  • La aparición de estrellas de cuarta generación.
  • La problemática en el uso de los portales.
  • Que los delfines sean los mejores pilotos gracias a su orientación espacial.
  • La utilización de hologramas en el puente, un concepto nunca explorado en toda la saga de Star Trek.

Y lo peor:

  • La crisis de mediana edad del protagonista, que recarga demasiado la historia. Eliminándola se hubiesen ganado 50 páginas que le hubiesen dado un poco más de ritmo a la historia.
  • No plantear la historia desde diversos puntos de vista. Me hubiese encantado ver como veía la dinámica de la nave uno de los alienígenas.
  • Que no haya una continuación, hay suficiente material para un buen serial.

En fin, una novela solo apta para todos aquellos adictos a la space opera, "ya que de esa forma podrán apreciar con buen sentido del humor todas las inconsistencias que presenta el subgénero y que la novela revela página a página".