Antes de entrar en el fondo del artículo de hoy quiero dejar claro que no soy padre, por lo que tengo una visión bastante sesgada del tema. De todas formas vamos a ello. Dentro de esas conversaciones de bar de las que hacía mención en el artículo de ayer (véase: "Síndrome Cheers") he tenido una de esas alocadas ideas que en ocasiones me asaltan sin más. ¿Por qué reeditar el éxito de la DGT contra los accidentes de tráfico en el campo de la educación?
En la mayoría de los medios se lee a diario que la educación en España es un completo desastre. Qué si los alumnos no muestran el más mínimo interés por su futuro, qué si los centros públicos carecen de medios y se encuentran en el Pleistoceno de la nuevas tecnologías, qué si los profesores están poco preparados y carecen de la motivación suficiente (ya escucho preparar el cuchillo a Radiactivo-man con respecto a esta aseveración), qué si las familias están desinformadas, y podría seguir así toda la noche.
La verdad es que un tema tan manido que resulta extraño que pueda dar lugar a un artículo en este blog. Pero en un momento de lucidez (o embriaguez, todavía no lo tengo claro) se me ha ocurrido una solución para uno de los problemas que acucian a nuestro sistema educativo (y ya sé que hay muchos más): la nula colaboración de ciertos padres en la educación de sus hijos. Debe quedar claro para que no se me malinterprete que me estoy refiriendo a una minoría, poco representativa numéricamente pero que afecta en demasía en el discurrir de un centro público.
Visto que cargar de autoridad al profesorado no funciona (los experimentos de Esperanza Aguirre en Madrid lo ratifican) o las progresistas modificaciones de horario lectivo (tan de moda en esta comunidad autónoma, quién lo iba a decir), ¿por qué no cargar esta responsabilidad en los padres? Mi método consistiría en crear un carné de padre con un funcionamiento parecido al carné de conducir de este país. Cada padre obtendría el carné en cuestión al comenzar la educación obligatoria de su hijo y ganaría o perdería puntos en función del comportamiento de su vástago. Obviamente plantear el tema de multas es completamente surrealista, pero pensándolo bien, en vez de derrochar el dinero en cheques bebé sin mucho sentido se podría desgravar una equivalencia monetaria en la declaración de la renta en función de los puntos que se posean al final del año fiscal. Esta desgravación debería ser escalonada, de forma que las rentas más altas perdiesen más dinero por cada punto que las más bajas. De esta forma se evitaría los impagos y se obligaría a los padres a actuar en consecuencia, ya que se trataría de un dinero que dejarían de ingresar por la actitud de sus hijos. Y como es sabido, la educación empieza en el propio hogar.
En fin, ya sé que se trata de una idea alocada, muy en la línea de la ucronía educativa que persigue este blog, "pero algo que tengo claro es que los españoles sólo nos movemos para arreglar algo cuando nos duele en el bolsillo, y es verdad aunque suene a tópico".
