Mientras en Bruselas se aprestan a torturar la pequeña Chipre a costa de las futuras elecciones alemanas (y estas son en otoño, así que todavía nos queda sufrir más en nuestras carnes la sacrosanta austeridad) y España se sumerge por tercera vez en el dudoso sueño olímpico de Madrid, este fin de semana saltó la bomba en Benavente. No bromeo, en esa pequeña ciudad de la que procedo.
La pasarela de madera que tanto critiqué hace un año y medio (véase: "Pasarela") se derrumbó producto de un corrimiento de tierras. Todo un símbolo del derroche que sigue fijado en el ADN de nuestros políticos. Proyecto personal del alcalde la ciudad, Saturnino Mañanes, el cual costó al final la friolera de 940.000 euros (no está mal teniendo en cuenta que el presupuesto inicial era de 600.000 euros) se había convertido en si mismo en un símbolo de la decadencia de la ciudad. Mientras las grandes empresas abandonaban la ciudad a causa de la crisis económica y el paro se acrecentaba a pasos agigantados, una ciudad con una deuda cercana a los 9 millones de euros se dedicaba a construir un esperpento de nula utilidad bajo la fantástica premisa de que atraería el turismo.
Daba lo mismo que hubiese una gran oposición por parte de un gran sector de la ciudad que veía asustado como se dilapidaba una cantidad de dinero que realmente no se poseía en un proyecto enclavado en unos terrenos manifiestamente inestables desde tiempos inmemoriales. Todo valía con tal de elevar a Benavente a una nueva e incierta categoría de ciudad turística de Castilla y León (normalmente para esto se necesita algo más que un par de iglesias y una torre del homenaje).
Al final, la jocosa pasarela de unos 1,5 kilómetros de longitud que puedes observar en el siguiente vídeo:
Terminó de la siguiente guisa un año más tarde, que es lo que ha durado abierta:
Por cierto, aunque obviamente es deseable el reacondicionamiento de la zona para evitar nuevos desprendimientos, no es de cargo que el Director general de Calidad y Sostenibilidad Ambiental de la Junta de Castilla y León, José Manuel Jiménez Blázquez, haya prometido volver a levantar una infraestructura análoga. O sea, que tendremos Pasarela 2.0. "Sólo quiero que recuerdes este artículo cuando por razones de ahorro la Junta de Castilla y León elimine un colegio o un centro de salud en tu localidad, pues probablemente ese dinero será desviado para levantar de nuevo este frágil símbolo del derroche patrio. Estoy por escribir una carta a la Merkel para que detenga este desatino de inmediato".



