En más de una ocasión he dicho en este blog que la solución para la piratería en España es la asunción del modelo audiovisual norteamericano, donde servicios como Netflix o Hulu triunfan generando ganancias a las productoras y sin ser demasiado onerosos para el usuario.
El problema que se encuentran estos servicios para desembarcar en Europa es la fragmentación legislativa. Podemos tener una moneda común pero cuando se entra en el farragoso mundo de las descargas, aunque sean legales, cada país va por su cuenta. Por ejemplo en Francia se deben esperar hasta tres años para que una película pueda ser emitida mediante streaming desde su estreno en salas comerciales (una de esas reminiscencias de su ley de protección cultural) y en Inglaterra la todapoderosa BBC tiene las manos atadas en cuanto que su ley de financiación a través del impuesto directo le impide revender sus contenidos o financiarlos con publicidad. Lo mismo pasa con el producto estrella europeo, el Spotify (que tiene aún cerradas las puertas estadounidenses), que se sólo funciona en aquellos países que la legislación permite.
Así que hasta que la Vice-presidenta de la Comisión Europea, Neelie Kroes, sea capaz de pergeñar una directiva que satisfaga a todos. Algo harto difícil teniendo en cuenta que su referencia es la denostada Ley Sinde (aunque yo soy uno de los pocos que la apoya en el mundo digital, por las ventajas tiene para el usuario de a pie). Los diferentes operadores tendrán que planificar su expansión como si de una partida de Risk se tratase. Los primeros en moverse han sido Apple con su iTunes Macht (que sigue sonando a broma) y Netflix, ya que el mercado norteamericano se va quedando cada vez más pequeño.
Bueno, por una de esas estupideces de la vida los que conquistamos América fuimos los españoles, transmitiendo dos elementos básicos: el idioma y el catolicismo (sinónimo aunque nos pese de procreación desenfrenada). Si a esto le sumamos la creciente influencia de la comunidad hispana en los propios Estados Unidos (gracias a esa procreación desenfrenada y la constante inmigración) y el crecimiento de las economías latinoamericanas en un mundo completamente estancado. La llave de lo que hoy se ha conocido a través del diario Le Figaro (que no está influido ni por la SGAE ni por la Asociación de Internautas) tiene cierto sentido. Netflix parece que va a expandir su modelo primero a Latinoamérica durante este otoño y con lo aprendido allí intentará introducirse en Europa a través de España a comienzos de 2012. Sí, has leído bien, primero España y después el resto de pesos pesados (Francia, Alemania, etc). Es obvio que ha influido en esta decisión el poder acceder a contenidos en español para incrementar más su mercado norteamericano. Aunque también sospecho que por casualidades de la vida es más fácil para un operador como Netflix tratar con una entidad privada gestora universal de facto de todos los derechos, nuestra querida SGAE, que verse inmersa en una batalla de lobys en cualquier cámara legislativa del resto de Europa.
En fin, "con un poco de suerte y contra todo pronóstico podríamos encontrarnos dentro de seis meses con lo mejor de ambos lados del charco, por un lado el streaming musical de Spotify y por otro la legalización musical de Apple y la extensa biblioteca audiovisual de Netflix por unos pocos euros al mes. Algo increíble teniendo en cuenta que hasta hace poco estábamos señalados como el país más pirata del planeta, un verdadero erial para todas las productoras".


