Soy aficionado al fútbol y nunca lo he negado, aunque no suela dedicar muchas líneas a ello en mi blog, salvo algunas vagas referencias deslizadas dentro de algún artículo. Pero hoy, al igual que gran parte de los españoles (salvo la mayoría de comentaristas de este blog), he asistido a una lección de ajedrez futbolístico.
Hemos ganado a Portugal por un gol, lo justo y necesario para pasar a cuartos del Mundial, en un partido de entramado defensivo parecido al que jugamos contra Italia en la Eurocopa. Obviamente no voy a extenderme en lo que ha acontecido, la totalidad de medios de comunicación nos van a bombardear durante los próximos días con sesudos análisis o arrogantes columnas.
Yo simplemente quiero hacer hincapié en la importancia del seleccionador, ese oscuro personaje que es maltratado en innumerables ocasiones por los aficionados, ya sea por el planteamiento de los partidos o por no sacar a los jugadores preferidos de la hinchada. Hoy Vicente del Bosque nos ha dado una lección magistral de lectura del fútbol, cuando en las cadenas radiofónicas o televisivas se clamaba la salida de Navas, él apostó por el debut de un espigado jugador, Llorente, de porte casi clásico. Un delantero de fijar la posición y hacer uso de su envergadura, muy alejado de las filigranas a las que nos tiene acostumbrada nuestra selección de pitufos revoltosos.
Un sólo cambio que varió por completo la dinámica del partido y nos dio la victoria. Mañana se hablará del gol de Villa y las paradas de Casillas, "pero nadie se acordará de la genialidad táctica del hombre tranquilo, el que aburre con sus declaraciones a los vociferantes comentaristas deportivos y que nunca tuvo que haber dejado el club de sus amores por la puerta de atrás".
Yo simplemente quiero hacer hincapié en la importancia del seleccionador, ese oscuro personaje que es maltratado en innumerables ocasiones por los aficionados, ya sea por el planteamiento de los partidos o por no sacar a los jugadores preferidos de la hinchada. Hoy Vicente del Bosque nos ha dado una lección magistral de lectura del fútbol, cuando en las cadenas radiofónicas o televisivas se clamaba la salida de Navas, él apostó por el debut de un espigado jugador, Llorente, de porte casi clásico. Un delantero de fijar la posición y hacer uso de su envergadura, muy alejado de las filigranas a las que nos tiene acostumbrada nuestra selección de pitufos revoltosos.
Un sólo cambio que varió por completo la dinámica del partido y nos dio la victoria. Mañana se hablará del gol de Villa y las paradas de Casillas, "pero nadie se acordará de la genialidad táctica del hombre tranquilo, el que aburre con sus declaraciones a los vociferantes comentaristas deportivos y que nunca tuvo que haber dejado el club de sus amores por la puerta de atrás".


